Triángulo

Toda la vida escuché eso de que “tres son multitud”. Siempre consideré que era cierto ya que, si todo el mundo decía lo mismo debía ser verdad.

Un día me di cuenta que el mundo que me repetía eso era inseguro y egoísta. Un mundo que necesita controlar y ponerle etiquetas a todos. Un mundo que trata a las personas como pertenencias y que las manipula a su antojo en nombre del amor.

Entonces decidí buscar por otro lado una respuesta. Necesita saber si esa frase era verdad o no. Fue ahí cuando la naturaleza me dió una lección de claridad. La naturaleza ve la composición de tres elementos como una fuente de energía; utiliza esta fortaleza para sus ciclos, sus creaciones. Sí, el número tres lleva impregnado en su interior la perfección, la fuerza y el poder. Es un número que naturalmente tiene un simbolismo enorme para el hombre.

Así que durante toda mi vida creía algo que era incorrecto mientras me veía envuelta en un triángulo que iba cambiando de lados a medida que iba creciendo. Cuando era más chica creía que esa reacción innata de formar lazos triangulares no estaba bien. Había celos, peleas, inseguridades y con el tiempo, disolución. En nuestro afán por sentirnos únicos nos quedábamos solos.

Pero yo volvía a intentarlo. Volvía en busca de gente con la que pudiera compartir mi vida y mis ideales. Y así sin darme cuenta, volvía a formar un nuevo triángulo. Aún sabiendo (o temiendo), que probablemente no duraría demasiado.

Miedo. Esa palabra que nos acompaña de cerca todo el tiempo. A veces no nos percatamos del poder que tiene para destruir aquello que nos hace bien. A veces destruimos, por miedo a perder, aquello que amamos.

En fin, panorama bastante negativo. Pero cambia cuando sos consiente de eso. De que la capacidad de cambiar las cosas está en vos. Yo me dí cuenta de esto cuando me ví nuevamente en un trilogía. Nuevamente estaba rodeada de dos personas especiales. Pero esta vez era una relación tan positiva y sincera que me obligó a abrir los ojos y no repetir los mismos errores del pasado. Era la primera vez que sentía que un grupo de 3 personas funcionaba tan bien. Llegó en un momento de mi vida en el cual estaba pasando por cambios muy profundos y fue gracias a estas personas que estos cambios se potenciaron aún más. Gracias a esta nueva verdad que ahora podía entender pude aceptar y redefinir otras relaciones que formaban parte de mi vida desde hace mucho tiempo y a las que nunca les había podido encontrar la esencia correcta.

Hoy me siento bendecida de poder formar parte de estas uniones y se que no quiero perderlas. Pero no hablo de perderlas como si fueran algo que me pertenece, sino de algo de lo que soy parte y parte fundamental como son las otras dos. Porque no son MIS grupos, son mis elecciones. Nos elegimos mutuamente día a día y por eso nos volvemos fuertes y únicos.

Descubrí un amor que no es ni celoso ni posesivo. Todo lo contrario, te libera para que seas lo que quieras ser y a la vez te potencia para que seas cada vez mejor. La alegría se comparte, así como los miedos y las inseguridades. Pero estos últimos se vuelven chiquitos y manejables. Superamos obstáculos juntos y buscamos nuestro propio significado de felicidad. No somos perfectos. Yo aprendí que no tengo que serlo y que las diferencias  no tienen por qué construir muros y separaciones.

Es como cambiar la forma de ver. Antes tenía los ojos vendados y ahora puedo ver con claridad. Pero como toda luz que aparece de repente en la oscuridad, lleva tiempo adaptarse a ella. Todavía sigo luchando con mis propios demonios, con la diferencia de que cuando me siento vencida, hay dos partes de mi misma que me recuerdan que hay algo por lo que vale la pena seguir intentándolo.

Voy suavizando mis lados más hostiles. Transformando todo lo negativo de mi pasado en lecciones de vida para un presente mejor que construye el futuro que deseo. Voy aprendiendo a amar de manera más sana; donde no todo es blanco o negro; donde hay menos exigencias y más aceptación; en donde puedo ser yo misma y dejar ser a los demás lo que quieran ser.

Hay momentos que se hacen más fáciles que otros. Hay heridas que todavía están cicatrizando y errores que aún no pude arreglar. Pero hoy creo en mi y creo en las personas que elegí. Hoy CONFÍO.

-No los elegiría una sola vez, los elegiría mil veces más – S.

S.

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