Antes de dejar de quererte

No te das una idea cuantas lágrimas derramé en tu ausencia. Cuantos abrazos necesitaba darte. Tu presencia estaba ahí, como una daga en el corazón, como un recordatorio de lo imperfecta que era. Y cada recuerdo parecía tan lejano y ni siquiera el perdón era suficiente para acercarnos.

Perdí la cuenta de cuantas veces intenté llamarte y me quedé en silencio junto al teléfono sabiendo que no ibas a atender. Y cada respuesta que no llegaba era un trozo de mi que se iba desvaneciendo y cada paso que dabas para alejarte de mí, era un “te quiero” que quedaba sin decir. Pasé meses esperando escuchar tu risa, como si tan sólo con eso pudiera borrar todo el dolor que dejaste cuando te fuiste.

Y pasó tanto tiempo, y la vida avanzó tan rápido que ya no me encuentro en el mismo lugar que ayer. Ya no me derrumbo al no tenerte cerca. Ya no logro distinguir tu voz en mi cabeza cada vez que no se qué hacer.

Me repito una y otra vez que no tengo que dejarte ir, que esta batalla debo pelearla hasta el final pero ya no sé ni siquiera por qué estoy luchando y me cansé de seguir intentándolo. Me confundo y quiero aclararme pero todo se ve tan borroso. Quiero gritarte, decirte que tengo miedo de dejar de quererte, de que el “después” sea demasiado tarde, pero no me sale la voz o vos no me escuchas.

¿Cómo puedo dejar de quererte? No quiero dejar de quererte. Fuiste una parte tan importante de mí, que jamás creí poder escribir mi historia sin tus palabras. Y sé que dije que sería paciente, pero estoy en un punto en que la tolerancia se está volviendo indiferencia. ¿De verdad corremos el riesgo de olvidarnos para siempre?

Por eso estoy acá una vez más, pidiéndote que lo volvamos a intentar. Que no me dejes abandonar esta relación como ya abandoné tantas otras atrás. Estoy tragándome mi orgullo y diciéndote que no quiero vivir esta vida sin vos. Que no importa cuánto daño nos hayamos hecho, si todavía estamos dispuestos a empezar algo nuevo, algo juntos.

No creo poder resistir otro rechazo más. Pero aún así, aún sabiendo que quizás tu respuesta no sea la que yo espero, me arriesgo. Te hablo desde el corazón y suelto todo lo que pueda arrepentirme después de no haber dicho.

Espero a lo lejos porque ya nada de esto está en mis manos. Y salto al vacío mientras me grabo tu mirada. En silencio voy cayendo y cierro los ojos para imaginarme de nuevo sentada en tu auto, invitándote a dejar el mundo afuera. Y mientras escucho esa canción, nuestra canción, estiro mi mano para ver si al final encuentro la tuya en la misma dirección.

S.

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