Simplemente te vi

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A veces la diferencia entre vivir tu vida de una manera o de otra se define por un momento mágico.

 

Era un día como cualquier otro. Iba de la mano de la rutina esperando que todo siguiera su curso natural, que las respuestas fueran las mismas, que los conocidos se cruzaran otra vez en mi camino. No estoy segura en qué momento lo noté. Creo que estaba atenta a otras cuestiones, cuando me encontré con tu mirada.

Pero como siempre sucede, cuando algo bueno ocurre es difícil de entender. Estamos más preparados para aceptar con facilidad las cosas malas, y cuando algo tan lindo como tus ojos, se introducen en mi historia y sonríen a lo lejos, es algo que simplemente no puedo relacionar con mi presencia.

Y esperaba a que sea sólo una casualidad. Me decía a mi misma que la intención era otra, que mi traducción no concordaba con tus palabras silenciosas. Pero cerré los ojos y cuando los volví a abrir vos todavía estabas ahí, mirándome así, intentando expresar algo que ninguno de los dos sabía explicar.

Como una dulce adicción, en un segundo la necesidad de volver eterno ese momento se hizo incontrolable. Y te miré una vez más, sólo para confirmar por décima vez que no lo estaba imaginando. Te miré y el mundo que nos rodeaba de repente cambió. Porque cuando te encontrás con un segundo mágico todo lo demás se resignifica.

Volví a ser consiente de mi respiración, de la sensación de mis manos, de la música que llegaba a mis oídos. Como si la vida comenzara de nuevo después de haber estado dormida por mucho tiempo. Sentí los latidos de mi corazón retumbando en todo mi cuerpo y por primera vez tuve miedo de que vos también los estuvieras escuchando. No quería darte la confirmación de que eras la causa de todas esas sensaciones.

Después el mundo comenzó a girar de nuevo a su velocidad normal. La gente empezó a hablar sin parar, los autos hicieron funcionar sus ruedas y las luces de esta gran ciudad se encendieron para llevarme de nuevo a mi camino. Pero ya no era la misma. Había encontrado una luz mucho más intensa que las que pudieran haber ahí afuera. Me topé con tu sonrisa y ya no importó si era un punto final o puntos suspensivos, me bastaba con que hubiera sucedido.

 

S.

 

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