Falling in love

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Cuando te ví, tuve una sensación vertiginosa parecída a estar en caída libre. Tenías un halo de misterio recorriéndote como una sombra invisible. Mirabas profundo, como si quisieras conocer los secretos de la gente mientras te hablaban. Por un segundo creo que el tiempo se detuvo, como si tu llegada fuera augurio de cambios importantes.

Yo estaba sumida en un millón de pensamientos cuando apareciste a mi lado. Jamás creí ser lo suficientemente visible como para que te percataras de mi presencia. Escondía mi cuerpo en un rincón, alejada de la muchedumbre y de sus conversaciones superficialmente inentendibles. Mi mente estaba a kilómetros de ahí, perdida en mundos que mi imaginación no podía dejar de crear. El roce de tu mano en la mía fue como rescatarme del naufragio. Me trajiste a salvo a casa.

Aún recuerdo tu mirada incisiva, formulándome preguntas silenciosas mientras yo analizaba tus movimientos, tus gestos, tus palabras. Tu seguridad me transmitía tranquilidad, como si cualquier contratiempo pudiera ser derrotado ante tu simple presencia. Y los muros comenzaron a caer aún antes de que me diera cuenta. Creamos un puente de palabras que unía tu ahora y mi siempre.

Cuando te reíste volví a sentir esa sensación de caer. Caía suavemente en un mundo que me era desconocido, pero sabía de alguna manera que ahí iba a encontrarte. Caía y en mi mente al fin pude entender por qué en inglés la traducción de enarmorarse es falling in love. Mis músculos se tensaron por unos segundos, y vos lo notaste, me miraste profundamente entendiendo mis miedos y en un soplido volaste todos mis fantasmas.

La noche apareció brillante sirviendo de escenario de secretos y sueños. Te regalé mis poemas y vos los enmarcaste en tu memoria, dándoles un lugar de privilegio. Me compartiste tu alma visionaria y yo te mostré el recorrido que quería que hicieran mis pasos. Tus sueños y los míos parecían encontrase en más puntos de los que pude contar. Y así sin más, me invitaste a transitarlos juntos.

Hoy después de tantas noches, de tantos días, de tantos kilómetros, de tantos sueños compartidos, sigo maravillándome con la sensación de seguir cayendo que me recorre la piel cada vez que me mirás. Aún intentás descifrar mis pensamientos, pero ya conocés atajos que te llevan a mis respuestas. Yo escucho tus verdades cantadas por una vieja guitarra que completa nuestro acuerdo. Y el mundo continúa girando sin saber que nosotros nos bajamos de él para crear nuestro propio universo.

S.

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