No bastaba

 

Nos dijimos tantas veces adiós, 

que despedirnos significaba reinventar un reencuentro.

Elvira Sastre

 

No bastaba con aparecerte en mis sueños, querías gobernarlo todo. Tu ausencia y tu presencia se debatían incansablemente, en las horas que yacían vacías mientras esperaba verte volver. Porque aunque ya había dicho adiós un sin fin de veces, cada vez tenía preparada un beso de regreso.

Ensayaba en mi mente los reproches que olvidaría decirte, porque estaría muy ocupada desvistiéndote el alma, preguntándome en silencio cuántas camas visitaste estando lejos. Me perdería dibujando los secretos que jamás podría contarte, pero que sería demasiado débil para callar.

Volvías, mis ojos se llenaban de fuego, ardían los puentes a nuestro alrededor. Aún así, al borde del abismo, eras mi mejor opción. Eras una promesa que jamás cumplirías pero que a mí me encantaba oír. Eras todos los errores de los que me acordaría en el futuro, cuando sólo recordara lo que me hizo feliz.

Arrasabas con  todo a tu paso, con mi seguridad y mi cordura, con mis argumentos y mi voluntad. Derrochabas sobre la mesa un arsenal de excusas que conocía de memoria, y que te dejaba representar con tal de retenerte un segundo más. Batallaba contra el tiempo para que te permitiera estar conmigo, de un suspiro a la vez.

Me volvía invencible, de hierro, eterna. Cada vez creía que era la definitiva, donde tus deseos y mis besos por fin se fusionarían. Tan sólo quería que me quisieras a tu lado al despertar. Yo estaba dispuesta a amar por los dos, pero nunca era suficiente mi corazón para vos.

Así que armabas tus maletas con los pedazos de la historia que usarías para justificarte. Te guardabas mis caricias en el bolsillo, mientras yo me guardaba mis lágrimas en la garganta. El aire se volvía espeso, extraño, como si mis pulmones ya no pudieran reconocerlo. Vos me soltabas la mano en la oscuridad, creyendo que estaría en el mismo lugar al regresar.

Y mientras te alejabas sin mirar atrás, tu recuerdo se colaba en cada rincón de la habitación. Lo dejabas vos para que nadie ocupe tu lugar. Tu ausencia me susurraba al oído que lo que ahora era una pesadilla podría convertirse nuevamente en sueño, que aún en la más despiadada despedida podría haber un final feliz.

Porque no bastaba con estar eternamente partiendo, no te bastaba con ser todo, querías también ser nada. Lo querías todo, menos a mí.

 

S.

 

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