En sus palabras

I’m thinking about how people fall in love in mysterious ways
Maybe it’s all part of a plan
I’ll just keep on making the same mistakes
Hoping that you’ll understand

But baby now
Take me into your loving arms
Kiss me under the light of a thousand stars
Place your head on my beating heart
I’m thinking out loud
That maybe we found love right where we are

No sé en qué momento lo noté. Quizás tus ojos me lo habían confesado hacía mucho tiempo atrás, pero yo no había sabido entenderlo. Oía las palabras salir de tu boca, miraba tus manos inquietas moverse al ritmo de tu voz, pero era demasiado ideal como para creerlo. Además, creerlo no es igual que escucharlo. Algo se vuelve real cuando las cosas son dichas. Por eso cuando dijiste “¿Podemos hablar?”, el latido expectante de mi corazón se unió al compás nervioso del tuyo y ese “algo” se hizo presente entre nosotros.

——

No sé en qué momento lo noté. Quizás fue cuando me detuve a observarte mientras tus ojos se perdían en un libro. Te mordías el labio inferior cada vez que la historia te emocionaba, y yo contenía la respiración cada vez que lo hacías. Había algo especial a tu alrededor que me cautivaba, como un aire mágico que te envolvía y te transportaba hacia esos mundos lejanos que leías. Era hipnotizante ver tu concentración, tu disfrute. Me daban ganas de perderme yo también en esas oraciones y viajar con vos.

O quizás fue cuando empecé a hacerte caras graciosas para disimular que no podía dejar de mirarte. Vos me descubrías desprevenido y vulnerable ante tu presencia, y yo necesitaba que mi mundo volviera a estar bajo control. No te imaginabas el poder que tenían en mí tus ojos, tu atención. Y en ese duelo de miradas podría haberme quedado horas. Pero vos me negabas ese placer y dejabas que la rutina tomara el timón.

No sé  cuántas veces quise hablarte, contarte todas estas cosas sin nombre que estaban sucediendo en mi interior. Pero, ¿Qué me dirías? Esa pregunta me devoraba por completo. A veces eras un enigma tan profundo, que la distancia que nos separaba dejaba de medirse en metros y pasaban a ser kilómetros. Todas las explicaciones me parecían insuficientes y la espera por el momento adecuado, eterna. Me inquietaba esta falta de control. Mi vida siempre había estado gobernada por la razón, pero ahora no existía lógica alguna que guiara mis pasos.

Comencé a centrarme en los pequeños detalles, esos que te volvían única. Necesitaba entender las pequeñas partes que te componían para repetir el proceso a mayor escala. Así fue que noté la sonrisa espontánea que surge cuando das el primer sorbo de té caliente, la forma en que cerras los ojos por unos segundos cuando buscás inspiración para escribir; me dejé encantar por la suavidad de tu voz y hasta por esas dosis de caprichos diarios que te invaden cuando tenés sueño. No sabía que eras tan compleja e infinita. Con cada descubrimiento un centenar de sentimientos crecían dentro de mí. Tu perfume se volvía parte necesaria de mis días, y yo esperaba verte llegar cada mañana, como una cita impostergable.

Me preguntaba si conocerías todas esas partes de vos que te hacen tan especial. Pero varias veces escuché los comentarios crueles que te hacías a vos misma, y me sentía impotente por no poder transmitirte la imagen contraria que veían mis ojos. Si hubieras sabido que cada imperfección que intentabas ocultar, eran en realidad las que te hacían tan perfecta para mí. Te dibujaba en mi mente una y otra vez. Tu sonrisa, tus manos, tu pelo largo, el todo que completaba mi todo.

Por eso hoy no pude callarlo más. Porque apareciste con los ojos tristes y ellos me invadieron el pecho y me obligaron a poner en palabras todo esto que me pasa. Porque no quiero seguir mirando desde lejos tus pasos. Quiero ser la persona con quien compartas tus días de sol, y que en los días nublados como hoy, sea yo quien pueda devolverte la sonrisa. Porque vos sin darte cuenta desterraste los días grises de mi calendario. Sos un verano eterno que quiero disfrutar.

Hoy no tengo todo bajo control, pero tu presencia hizo de este caos un lugar al que quiero llamar hogar. De un día a la vez, al ritmo que vos quieras, con las palabras que tu corazón quiera escribir, pero a la par. Te ofrezco mi mano para acompañarte y que me acompañes. Te propongo la aventura de intentar que tu camino y el mío se vuelvan uno. Porque ya no hay vuelta atrás, no quiero volver a ser el que era, quiero ser la persona que te haga feliz el resto de tus días.

——

Noté cómo mi corazón luchaba por salirse de mi pecho para unirse con el suyo. Cualquier cosa que había pensado anteriormente se había quedado chica ante sus palabras. Ese algo que se había hecho presente entre nosotros era mucho más profundo, real y hermoso de lo que jamás hubiera imaginado. Estaba flotando, inmóvil, sorprendida, feliz. Sólo mi boca se movía y dibujaba una sonrisa que iba creciendo a cada segundo. Cuando lo noté me mordí el labio, como cada vez que algo me emocionaba. Fue la señal silenciosa que le permitió avanzar los pocos pasos que nos separaban, y con un beso borrar para siempre la distancia que nos separaba.

S.

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