Antes y después

Hung my head, as I lost the war, and the sky turn black like a perfect storm
Rain came pouring down when I was drowning
That’s when I could finally breathe
And that morning, gone was any trace of you, I think I am finally clean.

Esperé días, tratando de volver mis pensamientos negativos en por lo menos neutrales. No quería juntar las piezas del rompecabezas, porque sabía que mi intuición no me fallaba, el todo no iba a ser bueno. Contuve las lágrimas, porque llorar sólo consigue nublarte la mente y hundirte en una oscuridad inútil. Me alejé de la música melancólica, que revive los recuerdos y los tiñe de catástrofe. Hice todo lo que una persona positiva podría hacer sin siquiera tener que pensarlo.  Todo, menos asumir la realidad.

Si pudiera empezar esta conversación con una sóla frase sería “¿Por qué?” Una pregunta que encierra muchas otras. ¿Por qué sentiste la necesidad de ser tan cruel? ¿Por qué para ser feliz necesitabas estropearlo todo a tu alrededor? ¿Por qué en el naufragio me dejaste ahogarme y no miraste nunca atrás? ¿Por qué tuviste que crear un campo de batalla en donde antes había tierra neutral?

Siempre fui la persona más crítica conmigo misma, así que puedo fácilmente dar respuesta a esas preguntas, incluso de la forma más dañina posible. Pero esta vez, no sé por qué, pero no encuentro algo lo suficientemente duro, malvado, destructivo que justifique  tus actos. Por eso te pregunto  a vos, si era necesario todo esto. Si te sentís mejor al verme de rodillas. Si tu victoria es tan satisfactoria que ahora te hace feliz verme vencida.

Puedo contar innumerables defectos propios, errores, situaciones desafortunadas, pero la maldad no está en ninguna de esas categorías. Incontables veces me quedé con las manos vacías de tanto dar. Me pasé horas siendo sólo escucha, silenciando mis palabras, mis problemas, mis necesidades, por darte espacio. No siempre tuve la palabra justa, no siempre llegue al inicio de la historia, no siempre tuve el entendimiento necesario. Pero aún así intenté estar.

Pero no te bastó y me volviste tu enemiga; me desterraste a un mundo de mentiras y especulaciones. No importa cuánta verdad había en mis palabras, ellas no coincidían con tus fantasmas, y vos te aferraste a ellos. Ahora veo el veneno desparramarse por sitios que creía sagrados. Veo la tormenta arrasar con todo lo que construí.

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Respiro profundo y me seco las lágrimas. Porque ahora sí puedo llorar. Estoy frente a una hoja en blanco tratando de llenar los espacios vacíos que dejaron tus silencios, y en cada línea pierdo el control y me desplomo. Creía que sólo necesitaba poner en palabras la angustia que me cerraba el pecho, que de esa manera podría respirar de nuevo. Siempre pude curarme las heridas sola; tenía mis propios rituales para los duelos y las despedidas. Pero esta vez el suelo parece aprisionarme con fuerza y no me puedo levantar.

Ya intenté volver a empezar, alzar la cabeza y mirar el amanecer con nuevos ojos. Ya sepulté el pasado y los errores, ya pedí perdón y perdoné. Y aún así sigo estando de rodillas, tratando de encontrar la manera de ponerme de pie. Siempre creí que mi fortaleza era ser autosuficiente. Jamás pensé que mi teoría tuviera tantas grietas.

La culpa comienza a colarse en cada espacio que me rodea, como el humo en un incendio imparable. Todo se vuelve dudas, reproches, y la imagen que tenía de mi misma se parte en mil pedazos que no puedo volver a unir. No puedo sola, ahora lo entiendo. Puede ser que el golpe fatal lo haya recibo desde afuera, pero yo no soy capaz de alzar los muros y protegerme. No puedo sola. Y en cuanto lo asumo, el teléfono suena.

Cuatro mujeres que han sido parte de cuatro momentos distintos de mi vida, ahí está la respuesta que estaba esperando. Cuatro pensamientos distintos pero la misma respuesta: no soy yo el problema. Cuatro personas que llegaron a mi vida y que jamás se fueron. Cuatro amigas que vuelvo a elegir una y otra vez, día a día. Entre sus palabras vuelvo a sentirme segura, las lágrimas se evaporan y las sonrisas reaparecen. La caída libre se detiene. Ya no estoy arañando el aire para sobrevivir, son sus manos las que me sostienen.

Hace instantes no creía que podría volver a sonreír. Momentos atrás podría haber sido yo misma la verdugo de mi cabeza, con tal de encontrarle algún sentido a tanto dolor. Porque prefería asumir todas las culpas a tener que soportar un minuto más de incertidumbre. Pero poco a poco voy volviendo a la cordura. Voy aceptando de nuevo las partes de mi historia que no veía por tanta oscuridad. No soy perfecta, pero soy valiosa. Y mi agradecimiento hacia mis heroínas, mis salvavidas, no tiene límites. Su compasión me saca de toda depresión.

Ahora se que me acostumbré tanto a ser bote salvavidas de otros, que me perdí entre sus historias. Siempre partiendo a la batalla, siempre alerta al pedido de ayuda. Peleé tantas guerras ajenas, que nunca me detuve a ver mis propias heridas. Me esforcé tanto por dar, que no me di cuenta que a veces, estar era suficiente. Y como una pequeña luz que se abre paso en la noche, de a poco todo vuelve a tener sentido.

Quizás soy buena para estar en los peores momentos de algunas personas, pero no sé estar en los buenos. Cuando todo está bien me siento inútil, no sé cómo actuar y pierdo la perspectiva del lugar que debería ocupar. Por suerte no es así con todos, por suerte hay personas que me necesitan en sus buenos y malos momentos. Debería reconciliarme con esa idea, entender que no puedo evitar que alguien se vaya; no puedo evitar tener ganas de irme. Tengo que aceptar que hay momentos que tienen un punto seguido y hay otros que tienen un punto final.

Y así, encuentro una manera de decirle adiós a todos mis demonios. Me amigo con todo lo que pudo ser y no fue. Me perdono y me doy una nueva oportunidad. Porque ya no necesito que la armonía venga desde afuera, hoy puedo volver a crearla yo misma.

S.

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