Capítulo 6 – Ojos verdes

El martes no lo ví a Matt, creo que inconscientemente lo estaba evitando. Todavía no podía descifrar cómo me sentía al saber que él era el novio de Solange. Ella claramente me odiaba, y por más que haya querido fingir que estaba todo bien en frente de él, yo sabía que el vernos juntos había sido como una patada en el estómago o un mal corte de pelo en términos Solangistas. Necesitaba un poco de espacio, no verlo. Pero al mismo tiempo sentía un vacío enorme en el pecho, y el recuerdo de nuestro abrazo me  generaba una mezcla de bienestar y tristeza al mismo tiempo. Demasiadas emociones para procesar.

De quienes no pude despegarme fue de Vicky, Marcos y Arthur. Siempre había un detalle más que arreglar de la salida al cine. Y creo que mi gesto cariñoso hacia Arthur había despertado su interés más de lo que yo podría haber imaginado.

Cuando estábamos los cuatro juntos todo eran risas y poses. A veces me escuchaba a mí misma decir algún comentario ingenioso para complacerlos, mientras que por dentro mi Sol Conciencia me miraba con desaprobación. Arthur se me quedaba mirando en silencio, y cuando yo lo notaba se formaba un pequeño mundo a parte en dónde estábamos solo él y yo, y me sentía bien. Me sentía bien con esa conexión. En esos pocos segundos podía olvidarme de todo, de lo incómoda que me sentía al tener que estar agrandando a todos todo el tiempo, de Matt y su relación con Solange, del grupito del sí fácil. Eran momentos pequeños y preciados que me hacían querer conocer más a ese chico que creía haber descifrado, pero que estaba lejos de conocer.

El miércoles había pasado sin muchos cambios. Aún así, yo había tratado de pasar todos mis ratos libres en mi lugar secreto, para no tener que cruzarme a nadie. Mi lugar secreto está en la terraza del edificio de secundaria, al que sólo se puede acceder por la biblioteca. Está claro que el 99% de los alumnos prefieren pasar sus recreos y horas libres en lugares más divertidos, así que casi nadie sabía de ese lugar.

Y digo casi nadie porque ahí estaba yo, muy entretenida leyendo Orgullo y Prejuicio, cuando una voz familiar me tomó por sorpresa.

-¿Escondiéndote, princesa?

Antes de que pudiera responder Matt ya estaba sentado a mi lado, ¡Y con un cigarrillo en la boca!
No lo pensé, tengo esta tendencia a no pensar cuando estoy con él, agarré el cigarrillo y lo apagué con fuerza contra el suelo. Al hacerlo le rocé la boca y un cosquilleo me recorrió el cuerpo. Rápidamente quité ese sensación de mi mente y le dí paso al enojo.

-¡No puedo creer que fumes! Es algo totalmente idiota. Pensé que vos no eras de esos. ¿De verdad querés arruinarte la vida así? ¿Te puede dar cáncer sabias? NO PUEDO CREER…

Mi voz había ido en aumento, estaba furiosa, pero no estaba segura de si mi furia era por haberlo visto fumando o por algo más.  Estos pensamientos cruzaban por mi mente y me hicieron quedar callada a la mitad de la frase, mientras él me miraba fijamente. Había notado que había algo más detrás de mis palabras.

-¿No podés creer QUÉ Sol?

Su voz era firme, no estaba jugando. Tenía clavado sus ojos verdes en mí, y otra vez tenía esa sensación de que podía ver mucho más profundo, que estaba hurgando en mis pensamientos tratando de entender cosas que ni siquiera yo entendía.

Parecía una batalla de miradas, casi ni parpadeábamos. El corazón me iba a mil, respiraba entrecortadamente como si acabara de correr una maratón, y mi mente estaba completamente en blanco.

¿Qué es lo que tanto me molestaba? ¿Era que haya descubierto mi lugar secreto? ¿Era verlo fumando? ¿O era acaso el haberme enterado que estaba de novio con Solange? No tener la respuesta me aterraba. Siempre sabía exactamente qué era lo correcto pensar o sentir, y me había esforzado tanto por controlar mis emociones que esto me dejaba totalmente sorprendida. No sabía cómo salir de esa situación.

Y cuando creí que me iba a derretir ante su mirada, su sonrisa apareció y se hizo contagiosa. Escuchar su risa y la mía sincronizadas era como un vaso de agua en el desierto. La tensión se disolvió y volvimos a ser los mismos de antes, los que éramos antes de que hubiera tantas preguntas sin respuestas entre nosotros.

-¿Por qué me estas evitando, princesa? ¿Acaso tu novio no te deja juntarte conmigo?

Sonaba relajado, pero pude ver claramente la mueca de disgusto que se le formó en la boca cuando pronunció la palabra novio. Parecía como si la referencia le molestara.

-Primero, que yo sepa no tengo novio. Y segundo, jamás dejaría que nadie me diga que puedo o que no puedo hacer.

Estaba aliviado con mi respuesta. Dio un suspiro y se quedó observando el cielo por unos segundos.

-Arthur no para de hablar de vos con los chicos. Lo tenés totalmente enamorado.

Con la segunda frase se le volvió a dibujar una mueca en el rostro. Mis pensamientos intentaban razonar sobre toda esta información, pero nada tenía lógica para mí.

-Dudo mucho que alguien pueda estar “totalmente enamorado” de mí. No soy esa clase de chica.

Matt giró y me miró curioso.

-¿Qué clase de chica?

-La clase de chica por la que un chico estaría totalmente enamorado. Solo basta con verme.

Me puse incómoda. Acababa de compartir un pensamiento muy personal y ahora quería volver el tiempo atrás y borrarlo. No se me ocurrió otra cosa que volver a abrir el libro y fingir que leía.

-Jamás vuelvas a decir eso. Sólo un tonto no se enamoraría de vos.

Con una mano me obligó a girar la cara y mirarlo y con la otra me hizo cerrar el libro. Lo decía en serio. ¿Qué me quería decir con todo esto?

El timbre nos volvió a la realidad y nos apartamos rápidamente el uno del otro. No sabía qué acababa de pasar, pero algo, muy pequeño, había cambiado entre nosotros.

-¿Ya te vas? Te acompaño a la salida si querés, ahora que ya no vas a seguir evitándome.

-Yo no dije que estaba evitándote – Me hice la ofendida para disimular la vergüenza que me daba que se haya dado cuenta – Además, no es necesario que me acompañes hasta la puerta. En un rato tenés que entrar a clases, así que te queda más cómodo quedarte por acá.

-Pero me encantaría acompañarte así podemos charlar un rato más.

Caminaba a su lado y todo parecía simple. No podía creer que hasta hace unos momentos todo hubiera sido tensión y distancia entre nosotros. En minutos lo puse al día con todo lo que había pasado desde nuestra última conversación. Era tan fácil hablar con él. Sentía que podía contarle todo.

-Así que hoy tengo que ir a una cita a la que no estoy segura si quiero llamar cita. ¿Y si me doy cuenta que Arthur no es el indicado para mí? ¿Y si quiere besarme?

Matt se detuvo de golpe al oír esas palabras.

-¿Vas a besarlo? Digo, ¿Besarlo de besarlo? ¿Besarlo tipo novios? Quiero decir, ¿Serías la novia?

Con cada pregunta que me formulaba se ponía más pálido. Hasta sus pecas que tanta ternura me daban parecían haber desaparecido. No sabía qué responderle. Esas eran todas las preguntas que yo misma me había estado haciendo desde que acepté ir con él al cine. Arthur y yo es algo que todos están esperando que suceda, mis amigas, sus amigos, él. Pero yo simplemente no sé qué quiero. Por momentos me hace sentir bien, es como si habláramos el mismo idioma. Además nadie nunca me había visto de la forma en la que él me ve. Siempre había sido la observadora, la invisible, pero cuando él está cerca de mí es como si todas las luces apuntaran hacia mí. Me pone un poco incómoda eso, no sé cómo actuar. No estoy acostumbrada a estar a la vista de todos. Me hace sentir insegura, vulnerable. En cambio cuando estoy con Matt nada de eso sucede. Nuestro tiempo juntos es nuestro, no hay miradas por todos lados pendientes de lo que hacemos. Es como si viviéramos en un mundo aparte. Él me hace sentir segura, escuchada. Incluso cuando me hace preguntas que no responder.

El silencio entre nosotros no era incómodo. Sabía que él me estaba dejando procesar todos los pensamientos que despertaban en mí esas preguntas. Sus ojos no parecían ansiosos, pero sí estaban expectantes. Quería saber mi respuesta, pero no iba a apurarme.

Y quizás esa sea la respuesta. No apurarme. No estoy segura todavía de qué es Arthur para mí, o qué es lo que quiero que sea. Simplemente tengo que darnos tiempo. Apenas nos conocemos. Eso necesito, tiempo.

Le sonreí como muestra de que había llegado a una conclusión. Pero antes de que pudiera pronunciar una palabra, ví como unos brazos trepaban por Matt y lo alejaban de mí.

Solange había llegado para reclamar su territorio. Jamás había presenciado una escena tan desagradable. Solange parecía un pulpo que quería comerse vivo a Matt y él, ¿Parecía no devolverle el beso con tanta efusividad? Incluso podría decirse que estaba tratando de apartarla, pero ella estaba prácticamente colgada de él.

Me sentía incómoda viéndolos. Incluso sentí un impulso de pararlos, de sacarla a Solange y agarrarlo a Matt y correr lejos de ella. Otra vez esa sensación de ¿Celos? cuando los veía juntos. Saqué esos pensamientos de mi cabeza para poder hablar, necesitaba fingir que no me importaba verlos juntos. Porque definitivamente tenía que asumir que me importaba. Pero ya tendría tiempo más tarde para pensar sobre eso.

-Bueno, los dejo, tengo que preparme para una cita.

Remarqué la palabra cita y funcionó, porque Matt logró desenredarse de los brazos de Solange y mirarme a los ojos.

-Ay, perdón linda. Ni me di cuenta que estabas ahí. Es que ví al caño de mi novio y no me pude contener. ¿No es hermoso? – Solange me miró desafiante. Quería una respuesta.

-Basta So. – Matt estaba incómodo y me miraba como pidiéndome disculpas.

-Tenés mucha suerte de tenerlo como novio, es una gran persona. – Tuve que apartar la mirada de Matt porque se me llenaron los ojos de lágrimas y no sabía por qué. Necesitaba desesperadamente volver a tomar el control y alejarme de ahí. Respiré profundo y en un segundo de lucidez dí mi último golpe, aunque no iba dirigido para Solange.

-Los dejo porque se me hace tarde para mi cita con Arthur. – Otra vez volví a remarcar la palabra cita. Dí unos pasos hacia atrás para tomar y distancia y dije: – Ah Matt, y con respecto a lo que me preguntaste, la respuesta es “Sí”. Sí a todo.

A Matt se le volvió a dibujar una mueca en la boca y se le oscureció la mirada. Dio un paso hacia adelante y se detuvo. Ahora me miraba como si me pidiera algo, ¿Pero qué? Otra vez sus ojos verdes invadiendo mis pensamientos. Solange se acercó a él de nuevo y la agarró de la mano. Era mi señal, no podía seguir parada ahí mirándolos. Me dí vuelta y me alejé. Me puse los auriculares para salir del mundo; tenía demasiadas cosas en las que pensar. La música empezó a sonar y traté de poner la mente en blanco para aclarar las ideas, pero todo parecía recordarme lo confundida que estaba.

Mi celular empezó a sonar y ví que era Matt. No podía hablar con él en este momento, así que corté.

Sentí el celular vibrar en el bolsillo de mi mochila unas tres veces más mientras escuchaba a Taylor Swift decir

“all I’ve seen since eighteen hours ago

Is green eyes and freckles and your smile

In the back of my mind making me feel like

I just wanna know you better”

Y como si fuera parte de su coro, al escuchar el estribillo canté con ella:

“‘Cause all I know is we said hello

And your eyes look like coming home

All I know is a simple name, and everything has changed.”

Algo había cambiado, lo podía sentir aunque todavía no lo podía entender.

S.

–> Capítulo 5 – Día de descubrimientos

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