Tan similar

Se ríe de la misma forma que vos.

Incluso tiene tu mismo color de pelo.

Estoy esperando que me abrace de la forma en que vos lo hacías,

para que los pasos solitarios vuelvan a encontrarse.

Todo se siente tan familiar,

que estoy a punto de preguntarte “¿Por qué te fuiste?”

Y luego comprendo que vos no estás,

y que tu recuerdo sigue jugando con mi mente.

Es que su risa es tan similar;

y mi sonrisa es tan similar;

y todo el mundo pierde gravedad,

porque por un momento todo está en su lugar.

Esa sensación de complicidad,

donde no hay secretos ni recentimientos.

Y por primera vez no te extraño porque estás ahí,

como si el tiempo no estuviera corriendo.

Ya no me duele tu silencio,

ni cuestiono tus pensamientos.

Me conformo con saber que nada cambió;

que aún puedo encontrarte en todo momento.

¿Sabremos alguna vez qué motivo nos alejó?

¿O seguiremos peleando batallas que no comprendemos?

Si tan sólo pudiera darte una razón.

Si tan sólo pudieras darme una razón.

 

S.

 

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Let It all go

But if we’re strong enough to let it in. We’re strong enough to let it go.

Debería comenzar por decir, que los días grises ya no me asustan.

Pasé demasiado tiempo escondida en las tinieblas, con miedo a reclamar mi derecho a ser feliz. Quise cargar a otros con la responsabilidad de mi suerte, y fue ahí que la verdadera naturaleza de las personas no tardó en aparecer. Grandes hallazgos y grandes decepciones fueron haciéndose presente, como una película que no podía definirse. Cerré los ojos ante la tristeza, porque creía que así no lograría dominarme. Pero mientras ella se hacía más fuerte, yo me hacía más débil. Pequeños pasos hacia adelante me costaban después grandes tropiezos hacia atrás.

Esperé por un tiempo que las palabras encontraran su camino solas. Creía que de una forma u otra todo llegaría a su lugar. Busqué argumentos para los silencios, razones para la distancia, motivos que devolvieran la luz que la noche se robó. Subestimé el poder que tienen las malas intenciones, las inseguridades ajenas, los fantasmas de los celos. Me envolví en verdad, pero a veces la verdad no es suficiente.

Nunca le tuve miedo a los cambios ni a los finales. Para mí son augurios de comienzos. Tengo una fascinación por los comienzos porque son como una hoja en blanco, un día nuevo, la oportunidad para desempolvar sueños viejos y darles otro color. Pero esa vez estaba en el medio de un laberinto del cual no sabía cómo salir. Las puertas que encontraba estaban cerradas, y los caminos que alguna vez me habían servido de guía ahora bordeaban abismos infinitos.  A veces nos acostumbramos demasiado fácilmente a que las cosas vayan mal, y no vemos que lo normal en no hacernos daño. Pero también a veces perderte es la mejor forma de volverte a encontrar.

Después de contar tantas lágrimas como estrellas hay en el cielo, una pregunta comenzó a hacer eco en mi cabeza. ¿Es esto lo que querés? Al principio me asusté. Era un pensamiento que se contradecía con todo lo que había escuchado desde hacía infinidad de días. ¿No era esto todo lo que había? Estaba acostumbrada a sentir que no era suficiente; el sentimiento  tatuado en mis huesos que definía cada uno de mis pasos. Pero algo, no sé muy bien qué, empezó a hacerse presente en mi interior cada vez con más fuerza. No sabía con quién hablaba, pero hablaba con alguien; quizás con esa persona que podía llegar a ser y no dejaba salir a la luz.

¿Querés esto en tu vida? ¿Querés a estas personas en tu vida? ¿Querés vivir así?

Todas esas preguntas eran como bombas que caían a mi alrededor y arrasaban con todos los argumentos que había construido durante años. Me despojaban de todas las manías que había ido adquiriendo para sentirme inferior. Desterraban a los fantasmas de errores y defectos pasados. Ya no había nadie más que importara. El contador había vuelto a cero. No era una cuestión de amar u odiar a nadie (ni a todos). Ya no se trataba de quién tuvo la culpa. Se trataba de no ceder en lo que para mí era importante. Por primera vez me ponía en el centro del problema; todas las respuestas estaban en mí.

Lloré por última vez, necesitaba despedir todas las posibilidades de volver atrás. No quería volver atrás. Y cuando pasaron los espasmos, cuando la calma por fin llegó, pude contabilizar los escombros, analizar el daño, planear una estrategia que me pusiera de pie de nuevo. Estaba vacía pero renovada, y sobre todo, ya no me definían las palabras de otros. Ya no tenía el susurro de mentiras ni de engaños en mi oído. La sombra de los problemas que no eran míos dejaron de acecharme. Mis propios problemas se hicieron presentes. Ahora podía dedicarles toda mi atención a ellos; hacerles frente y resolverlos.

No era que de un día para el otro me volví fuerte y autosuficiente. Sólo había dejado de ser mi mayor enemiga. Ya no iba a tolerar una vida que no fuera la que quería vivir. Y lo más difícil de elegir la vida que querés para vos, es saber que hay cosas a las que tenés que renunciar. Malos hábitos, personas tóxicas, errores del pasado, promesas sin cumplir. Tenía que sacar todo el peso negativo que me había encadenado a un dolor innecesario. Perdoné y me perdoné, y solté todo lo que no encajaba en esa nueva realidad. Muchas veces antes, había necesitado mi espacio, había necesitado alejarme de ciertas personas o situaciones que no me hacían bien. Había entendido mis tiempos y ahora necesitaba entender los tiempos de los demás. Dejé de dividir a las personas en buenas y malas; simplemente eran diferentes.

Cada uno tiene una mochila a su espalda con experiencias, sueños y deseos. Entender eso fue el punto de partida. Yo no era ni mejor ni peor que nadie, entonces podía aceptar que nadie tenía el derecho ni la obligación de cambiar o intentar cambiarme. Podía tomar un nuevo camino y no por eso sentirme culpable por lo que dejaba atrás. Podía elegir y no conformarme con lo que la vida me ponía adelante. Ya no tenía que romperme en mil pedazos para volver a empezar. El proceso no tenía que ser doloroso nunca más. Respiré esperanza otra vez, después de mucho tiempo.

La vida está llena de etapas que comienzan y terminan, y quedarnos demasiado tiempo en una que ya ha culminado no nos deja crecer. Así que a soltar y avanzar, que el mundo puede ser un lugar maravilloso si nos damos el permiso para disfrutarlo.

S.

Antes y después

Hung my head, as I lost the war, and the sky turn black like a perfect storm
Rain came pouring down when I was drowning
That’s when I could finally breathe
And that morning, gone was any trace of you, I think I am finally clean.

Esperé días, tratando de volver mis pensamientos negativos en por lo menos neutrales. No quería juntar las piezas del rompecabezas, porque sabía que mi intuición no me fallaba, el todo no iba a ser bueno. Contuve las lágrimas, porque llorar sólo consigue nublarte la mente y hundirte en una oscuridad inútil. Me alejé de la música melancólica, que revive los recuerdos y los tiñe de catástrofe. Hice todo lo que una persona positiva podría hacer sin siquiera tener que pensarlo.  Todo, menos asumir la realidad.

Si pudiera empezar esta conversación con una sóla frase sería “¿Por qué?” Una pregunta que encierra muchas otras. ¿Por qué sentiste la necesidad de ser tan cruel? ¿Por qué para ser feliz necesitabas estropearlo todo a tu alrededor? ¿Por qué en el naufragio me dejaste ahogarme y no miraste nunca atrás? ¿Por qué tuviste que crear un campo de batalla en donde antes había tierra neutral?

Siempre fui la persona más crítica conmigo misma, así que puedo fácilmente dar respuesta a esas preguntas, incluso de la forma más dañina posible. Pero esta vez, no sé por qué, pero no encuentro algo lo suficientemente duro, malvado, destructivo que justifique  tus actos. Por eso te pregunto  a vos, si era necesario todo esto. Si te sentís mejor al verme de rodillas. Si tu victoria es tan satisfactoria que ahora te hace feliz verme vencida.

Puedo contar innumerables defectos propios, errores, situaciones desafortunadas, pero la maldad no está en ninguna de esas categorías. Incontables veces me quedé con las manos vacías de tanto dar. Me pasé horas siendo sólo escucha, silenciando mis palabras, mis problemas, mis necesidades, por darte espacio. No siempre tuve la palabra justa, no siempre llegue al inicio de la historia, no siempre tuve el entendimiento necesario. Pero aún así intenté estar.

Pero no te bastó y me volviste tu enemiga; me desterraste a un mundo de mentiras y especulaciones. No importa cuánta verdad había en mis palabras, ellas no coincidían con tus fantasmas, y vos te aferraste a ellos. Ahora veo el veneno desparramarse por sitios que creía sagrados. Veo la tormenta arrasar con todo lo que construí.

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Respiro profundo y me seco las lágrimas. Porque ahora sí puedo llorar. Estoy frente a una hoja en blanco tratando de llenar los espacios vacíos que dejaron tus silencios, y en cada línea pierdo el control y me desplomo. Creía que sólo necesitaba poner en palabras la angustia que me cerraba el pecho, que de esa manera podría respirar de nuevo. Siempre pude curarme las heridas sola; tenía mis propios rituales para los duelos y las despedidas. Pero esta vez el suelo parece aprisionarme con fuerza y no me puedo levantar.

Ya intenté volver a empezar, alzar la cabeza y mirar el amanecer con nuevos ojos. Ya sepulté el pasado y los errores, ya pedí perdón y perdoné. Y aún así sigo estando de rodillas, tratando de encontrar la manera de ponerme de pie. Siempre creí que mi fortaleza era ser autosuficiente. Jamás pensé que mi teoría tuviera tantas grietas.

La culpa comienza a colarse en cada espacio que me rodea, como el humo en un incendio imparable. Todo se vuelve dudas, reproches, y la imagen que tenía de mi misma se parte en mil pedazos que no puedo volver a unir. No puedo sola, ahora lo entiendo. Puede ser que el golpe fatal lo haya recibo desde afuera, pero yo no soy capaz de alzar los muros y protegerme. No puedo sola. Y en cuanto lo asumo, el teléfono suena.

Cuatro mujeres que han sido parte de cuatro momentos distintos de mi vida, ahí está la respuesta que estaba esperando. Cuatro pensamientos distintos pero la misma respuesta: no soy yo el problema. Cuatro personas que llegaron a mi vida y que jamás se fueron. Cuatro amigas que vuelvo a elegir una y otra vez, día a día. Entre sus palabras vuelvo a sentirme segura, las lágrimas se evaporan y las sonrisas reaparecen. La caída libre se detiene. Ya no estoy arañando el aire para sobrevivir, son sus manos las que me sostienen.

Hace instantes no creía que podría volver a sonreír. Momentos atrás podría haber sido yo misma la verdugo de mi cabeza, con tal de encontrarle algún sentido a tanto dolor. Porque prefería asumir todas las culpas a tener que soportar un minuto más de incertidumbre. Pero poco a poco voy volviendo a la cordura. Voy aceptando de nuevo las partes de mi historia que no veía por tanta oscuridad. No soy perfecta, pero soy valiosa. Y mi agradecimiento hacia mis heroínas, mis salvavidas, no tiene límites. Su compasión me saca de toda depresión.

Ahora se que me acostumbré tanto a ser bote salvavidas de otros, que me perdí entre sus historias. Siempre partiendo a la batalla, siempre alerta al pedido de ayuda. Peleé tantas guerras ajenas, que nunca me detuve a ver mis propias heridas. Me esforcé tanto por dar, que no me di cuenta que a veces, estar era suficiente. Y como una pequeña luz que se abre paso en la noche, de a poco todo vuelve a tener sentido.

Quizás soy buena para estar en los peores momentos de algunas personas, pero no sé estar en los buenos. Cuando todo está bien me siento inútil, no sé cómo actuar y pierdo la perspectiva del lugar que debería ocupar. Por suerte no es así con todos, por suerte hay personas que me necesitan en sus buenos y malos momentos. Debería reconciliarme con esa idea, entender que no puedo evitar que alguien se vaya; no puedo evitar tener ganas de irme. Tengo que aceptar que hay momentos que tienen un punto seguido y hay otros que tienen un punto final.

Y así, encuentro una manera de decirle adiós a todos mis demonios. Me amigo con todo lo que pudo ser y no fue. Me perdono y me doy una nueva oportunidad. Porque ya no necesito que la armonía venga desde afuera, hoy puedo volver a crearla yo misma.

S.