Debería advertirte

In the dark we stand apart.
We never see that the things we need are staring right at us.

Antes de que des un paso más debería advertirte, conmigo las cosas no son fáciles.

Después de una noche de festejos entre amigos, la distancia y el silencio que habían envuelto todos nuestros deseos se habían disuelto. La verdad, tímida aún, se hacía cada vez más presente y exponía todas nuestras intenciones. Ahora, que sus ojos estaban sólo a centrímetros de los míos, sentía una necesidad irracional de huir, de ignorar todas las señales y no pensar en el significado de los pocos pasos que nos separaban.

Deberías saber que por segundo, un millón de pensamientos pasan a velocidad de la luz por mi cabeza, y no todos ellos son buenos. A veces la inseguridad me gana y me convierto en un laberinto imposible de descifrar.Y no esperes que esté todo el día sonriente, sobre todo a la mañana cuando hace mucho frío y no tomé mi té con leche.

Deberíamos dejar en claro que necesito más abrazos que las personas normales (además que jamás me consideraría una persona normal), y que no me cae bien la gente que no sabe darlos y tampoco quiere aprender. Me gusta la gente sincera, la que dice la verdad para construir puentes, a pesar de que a veces sea difícil cruzarlos. Por eso detesto que me mientan, e incluso la más mínima omisión malintencionada podría volverse un mundo para mí.

Debería aclarar que amo las palabras, las escribo, las saboreo, las disfruto; pero también soy conciente de la necesidad de silencios, de espacios propios y de que la libertad se comparte cuando primero, cada uno tiene la suya propia. Sin embargo, no quiero asustarte, pero a veces la seguridad se me esfuma de las manos y te necesitaría a mi lado, no importa lo mucho que insista en que “estoy bien”.

Debería prepararte, enumerarte todos mis defectos y los fantasmas que me persiguen. Pero el brillo en tu mirada me distrae y pierdo el hilo de la conversación. Se que hay cosas que podría decir para asustarte y que dieras esos pasos en sentido contrario. Se que hay más de una razón por la cual esto no nos conviene a ninguno de los dos, que las cosas serían más fáciles si retrocediéramos el tiempo y olvidáramos que se siente tan bien respirar el mismo aire.

Debería ser yo la que me alejara, la que fuera la racional en esta situación. Después de todo, soy la persona más pensante sobre la faz de la tierra. Debato cada uno de mis actos, como si cada uno tuviera el poder de transformar mi vida entera. Por eso a veces me pierdo de la espontaneidad  de la aventura, de la adrenalina de apagar el cerebro y dejar que el corazón mande.

Pero el roce de tu mano hace que mis latidos se aceleren y ya no sé qué estaba diciendo.

Decime algo…

Nunca había sentido antes esa sensación de que el tiempo se detiene y el aire se vuelve tangible; pero como en la películas, cada uno de sus movimientos se hizo en cámara lenta y lo que seguramente fue un segundo, para mí fue una eternidad.

Me dió la mejor respuesta que alguien puede dar en esa situación.

Y yo tan sólo pude desear que ese fuera el primer beso de los muchos que esperaba repetir.

S.

Esa clase de persona

Parecía un día cualquiera. El sol salió puntual, la gente iba apurada en todas direcciones, el tren estaba demorado como siempre. Tenía mis auriculares puestos y mis pensamientos iban al ritmo de canciones de autores desconocidos, que empezaban a convertirse en mis nuevos cantantes preferidos.

Pero algo en el aire otoñal de la mañana hizo que el corazón se me acelerara. Fue como una premonición. Como si en ese andén grisáceo y olvidado, de pronto todo empezara a tomar otro color y fuera el escenario perfecto para un momento épico. La música se detuvo por un segundo, sólo para dar aviso de que un mensaje había llegado. Al ver en la pantalla el destinatario, mi corazón se aceleró aún más.

¿Viste cuando pasa mucho mucho tiempo, tanto que creías que esa persona especial ya no sería nunca más parte de tu vida? Bueno, Tomás era de esas personas para mí. Habíamos compartido muchos momentos juntos, éramos compañeros en la clase de francés que tomé por algunos meses en una academia antigua pero pintoresca, hace un año atrás. Después de terminar el semestre prometimos seguir en contacto, pero su alma libre y viajera era difícil de localizar, así que con el tiempo no supe nada más de él.

Nuestra relación era inetiquetable (¿acaso existe tal cosa?). Éramos amigos, compañeros, nos enseñábamos cosas sobre literatura, cine y la vida en general. Él siempre decía que todo el mundo es alumno de alguien y maestro de alguien, que todos tenemos esa capacidad de aprender algo nuevo y compartir nuestros conocimientos con otros. Su inteligencia era tan inspiradora como su voluntad. Era de esas personas que no importa cuánto tiempo se quedan es tu vida, su huella se vuelve imborrable.

Nada romántico había sucedido entre nosotros. Quizás hubo algunas caminatas tomados de las manos por las calles de la ciudad, alguna mirada demasiado larga y demasiado profunda entre nosotros, alguna caricia al pasar. Pero realmente, a pesar de que éramos dos seres creadores de historias y de que nos alimentáramos diariamente de palabras, éstas nunca nos sirvieron para definirnos. Había un nosotros no pronunciado que frágilmente se evaporaba en el aire, temeroso de volverse real.

Por eso la llegada de su mensaje me había desconcertado. Habían transcurrido muchos meses de silencio y seguramente varios kilómetros de distancia. ¿Qué podría haberlo hecho recordarme? ¿Qué intención habría detrás de esas palabras luminosas y asépticas que ahora estaban registradas en mi celular? No me animaba a leer el mensaje. Un poco por deleite y otro poco por miedo; quería estirar lo más que podía ese momento de ignorancia y expectación. La imaginación siempre va un paso adelante de la razón, y pocas veces la realidad las hace feliz a ambas.

No sé cuántos minutos pasaron. Aún el tren no llegaba, y para mí era una metáfora de mis propios sentimientos, esos que gritaban que aún no estaba lista para conocer el contenido de los pensamientos de Tomás. En mi mente repasaba nuestros momentos juntos, el libro que me había regalado, las horas de estudio previas a un examen, las salidas al cine. Todos eran pequeños tesoros que habían estado olvidados y empolvados por muchos meses, y ahora querían despabilarse y mostrarse todos al mismo tiempo.

Cuando escuché el sonido del tren que se acercaba hacia la estación, supe que el momento estaba llegando. Como siempre creí que la música era una parte indivisible de mi misma, busqué en mi reproductor una canción que sirviera de marco perfecto para esa situación. Ninguna parecía lo suficientemente buena, única, especial. Descarté varias hasta que por fin, y casi cuando el tren estaba deteniéndose frente a mí, encontré una canción que no conocía pero que algo, quizás el instinto, me hizo elegirla.

Elegí un asiento apartado del vagón y observé el exterior que pasaba veloz ante mis ojos. Respiré profundo para que mis pulmones se llenaran de aire y mi corazón se tranquilizara. Cuando abrí el mensaje lo primero que ví fue una foto. No había nadie en ella, pero se podía ver el reflejo brillante del sol sobre una mesa de un bar, una taza de té y un libro gastado y amarillento. La imagen la completaba una arboleda mágica y pastel de París, lugar que se confirmaba con la diminuta figura de la Torre Eiffel que se asomaba en el fondo. Había una sola oración que acompañaba tan precioso espectáculo, “Un buen libro, una taza de té negro en tu honor, y París iluminado por el sol; iluminado por vos Sol.”

Hay personas que llegan y se van de nuestra vida, que no importa el tiempo que pase, siempre vamos a recordarlas. Yo nunca me consideré una de esas personas, nunca creí que podría causar tanto efecto en alguien como para que, después de meses de ausencia y kilómetros de distancia, pudieran aún recordarme. Por primera vez pensé en Tomás sin un ápice de tristeza o de asunto pendiente. Lo pensé como un eterno punto seguido que podría retomar en cualquier momento de mi vida, sólo por sonreír y por hacerlo sonreír. Porque él es de esas personas, y yo también.

S.

En el comienzo

All of me
Loves all of you
Love your curves and all your edges
All your perfect imperfections
Give your all to me
I’ll give my all to you
You’re my end and my beginning.

A mí la oscuridad ya no me asusta. Tranquilo, que los monstruos no pueden atraparte si tenés el corazón iluminado. Vamos a fingir que somos invencibles, así la vida no juega con nosotros a los dados. No quiero que el azar se enrede en nuestros pasos y nos haga tropezar.

Tomá mi mano y perdámonos en esas calles angostas que están llenas de besos a escondidas y amores inolvidables. Creo que podemos agregarle un par de capítulos a sus baldosas. Y mientras suene una vieja canción, podemos contarnos mentiras maquilladas que confesaremos luego a la luz de la luna. Dejaremos que el mundo siga girando en círculos, porque nada puede evitar que esta noche aprendamos a volar.

Hoy quiero hacerte sonreír y que puedas olvidar que a veces  las cosas no salen como uno las planea. Se que tuviste más otoños que primaveras, y que el frío se quedó grabado en tu piel. Pero te dibujo en el aire una hoja en blanco que anuncie comienzos, que destierre fracasos y espante imposibles. Hoy el reloj está de nuestro lado.

Confiá en que todo saldrá bien, que se puede volver a empezar. Yo voy a silenciar cualquier duda que me haga retroceder. Y no seremos pequeños, seremos eternos. No vamos a escuchar las voces ajenas, que por no saber amar, le arrojan piedras a todo aquello que tiene magia en su interior.

No dejemos cuentas pendientes, que el tiempo no repite escenas y este es nuestro momento de ser los protagonistas. Volvé a creer en los finales felices y en un destino a nuestro favor. Las trampas y las heridas del pasado ya no pueden alcanzarte. Ya no te definen tus errores. Ahora sos revolución.

Así que vamos a improvisar y a descubrir a prueba de ensayo y error, los defectos y las imperfecciones que nos harán caer enamorados sin limitaciones. No hay normas, ni rejas, o barreras. Sólo hay una palabra de cuatro letras que lo gobierna todo y nos hace ser mejores. Este mundo puede ser lo que nosotros queramos que sea, y mis días ya no estarán completos sino estás vos en ellos. Este será nuestro comienzo, el inicio de la historia más épica.

S.